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Bienvenido a Ventana -Miami, donde documento mis hallazgos en materia de restaurantes, estilo de vida, viajes  y tendencias .

Soy periodista de origen colombiano, graduada en comunicación social en la Pontificia Universidad Javeriana, en Bogotá.  Fui reportera del periódico El Tiempo, en Colombia, y en  el Nuevo Herald, en Miami,  cubrí las secciones de moda, salud,  diseño interior, restaurantes y negocios.  Ese trabajo me ha inspirado a crear este blog para no perder la costumbre de buscar lo nuevo y lo diferente y mirar  a través de una ventana por la que no solo se divisa Miami, sino donde quiera que voy.

Espero que disfruten de la vista!

 

Ivonne Gómez

Una noche en Bellagio

Una noche en Bellagio

 

 Unas cuantas fotos en Internet fueron suficientes para que sin muchos planes preliminares, esta primavera, mi esposo y yo eligiéramos el Lago de Como, como nuestro destino de vacaciones y partiéramos en la búsqueda de ese paisaje de lago bordeado por montañas y villas centenarias de tonalidades naranja y amarillo.

Reconocido en el mundo por su incomparable belleza, el Lago Como es una de las mayores atracciones de Lombardia, la región al norte de Italia, a los pies de los Alpes suizos, en el llamado Distrito de los Lagos, donde también vierten sus aguas de azul color mar, el Lago Maggiore, el Lago Lugano y el Lago de Garda. 

Con una forma de Y invertida, Como es el lago más grande en Italia y uno de los más profundos en Europa. De todos los pueblos que bordean el lago, nos cautivaron las fotos de Bellagio, conocido como “la perla del lago de Como’’.

Así que , para llegar hasta allí,  empezamos por recoger el auto que habíamos alquilado previamente en el Aeropuerto Malpensa, en Milán, y programar el GPS con destino Como.  

Después de casi hora y media de recorrido por una autopista amplia y con buena señalización, en la que a medida que avanzábamos dejábamos atrás pueblitos con  sus iglesias y sembrados, entramos al pueblo de Como, de calles congestionadas, cuyo centro pasamos de largo hasta que, kilómetros después, por una carretera que se hizo más estrecha,  nos encontramos sorpresivamente con la inmensidad de un lago azul enmarcado por las montañas verdes de los Alpes, que pese a la tibieza de la primavera, conservaban restos de nieve en sus cimas y traían una brisa fresca.

El hambre nos hizo fijar la atención en los atractivos restaurantes de manteles blancos, los que quedaban abiertos para los turistas que, como nosotros, no habían comido a las estrictas horas usuales de los de renombre. 

Pero, cuando se trata de una ensalada fresca y una sencilla pasta marinara, no hay que buscar mucho, aunque no hay como los restaurantes que frecuentan los locales. Pese a que Italia es un país famoso por sus vinos, no nos fue bien con los vinos de la casa.  Era preciso pedir una marca reconocida.

Después de comer y caminar por la orilla del lago, en las afueras del pueblo de Como,  ya entrada la tarde, retomamos la carretera que nos llevó al pintoresco Bellagio.

 Con edificios de más de un siglo, hoteles y restaurantes de lujo bajo la sombra de las enredaderas florecidas, uno de los encantos del pueblo son las calles empedradas por las que se transita subiendo bajando escaleras.

El atractivo de los hoteles en la cima son las habitaciones con vista al Como. Nosotros habíamos reservado en uno que lleva el nombre del pueblo, el  Hotel Bellagio, que pertenece a los mismos propietarios del Hotel Du Lac, justo frente del lago. Pero, al llegar a la calle, donde nos indicaron que estaba ubicado nuestro hotel, fue que descubrimos que no tenía la entrada tradicional, frente a la cual podíamos estacionar cómodamente y bajar nuestro equipaje.  Nos informaron, entonces, que debíamos estacionar en el malecón frente al lago y subir una cuadra por los escalones de piedra para llegar al hotel. En el pueblo solo se pueden estacionar los autos de los residentes y los que están registrados en los hoteles.

El inconveniente de la subida pueden ser las maletas pesadas, así que no hubo más remedio que sacar sólo lo indispensable para el día siguiente en una pequeña maleta y dejar el resto en el baúl del carro  No era lo más cómodo pero sí lo más práctico. La experiencia incluso resultó divertida. A medida que avanzábamos por los callejones a la media luz que ofrecían los faroles,  descubríamos pequeños bares y restaurantes que invitaban a disfrutar de una buena cena y de la brisa fría de la noche.

 Luego de instalarnos en el hotel, decidimos salir a comer, pero para ya casi las 10 p.m. , casi todo estaba cerrado y sólo quedaban algunos bares abiertos. No obstante, seguimos explorando hasta subir una pequeña plaza, donde nos encontramos frente a la iglesia San Giovanni, de fachada estilo barroco, donde todavía se escuchaban las campanadas.  

San Giovanni, la primera iglesia construida en Bellagio, se amplió en 1785 y en la actualidad encierra tres islas enriquecidas con pinturas y estucos, entre las que se cuentan la Madonna delle Grazie,  un fresco de la escuela lombarda; la escultura de la  Immacolata, lograda en mármol de Carrara, de la escuela Bernini, y una pintura Gaudenzio Ferrari , que data de 1532.

Tuvimos suerte. Frente a la iglesia, quedaba abierto el Cafe Bar Sport - Gelateria y Pasticeria,  un negocio que ha estado en manos de miembros de la misma familia por más de 100 años, en la Piazza de la Chiesa.  El café es  famoso entre los visitantes del pueblo, ya que sus dueños ofrecen un poco de todo, desde desayunos, hasta tragos y cocteles, como el famoso Spritz Aperol, ese dulce coctel anaranjado, presente en la mayoría de las mesas de los bares y restaurantes en las tardes italianas. El coctel se hizo popular en los años 50,  inspirado en una receta veneciana  lograda a base de vino blanco y soda. 

Cafe Bar Sport también es famoso por los gelatos, había que probar el de vainilla. A mí, me llamo la atención una vitrina surtida de panecitos, especialmente unos rellenos de higos, de los cuales me sorprendió su frescura para esas horas de la noche. Nos sentamos a saborearlos en una de las mesas  ubicadas frente a la plaza del campanario de la iglesia.

Al día siguiente, después del abundante desayuno, con espumosos cappuccinos , que incluía la tarifa del hotel,  se inició nuestro recorrido por las calles empedradas y bajo un sol resplandeciente que intensificaba los colores tierra de las fachadas y hacía aun más atractivos los restaurantes bajo la sombra de las enredaderas de flores moradas. 

 Aparte de los negocios de artesanías locales, varias tiendas de diseñador en Bellagio ofrecen las colecciones de la temporada , no falta la de Missoni.  La seda de Como tiene fama. Su producción se inició en el área hacia el año 1400, impulsada por el duque Ludovico Sforza , que implantó los cultivos del árbol de mulberry. Gracias a su iniciativa se ganó el titulo de Ludovico il moro.

 En una de las transitadas calles de Bellagio, descubrí Azalea,  un negocio famoso por sus sedas, movida por la curiosidad que me produjo un grupo de compradores que desdoblaban y se medían frente al espejo las coloridas y sedosas pañoletas o elegían entre varias corbatas. Cuando entré, yo preferí  dedicarme una canasta desbordante de bufandas enrolladas en todas las tonalidades y estampados donde fue difícil la elección. Aparte de su propias colecciones, Azalea produce también una línea exclusiva en seda para Versace y Missoni.

La exploración del pequeño pueblo nos tomó hasta la hora del almuerzo, no sin antes probar los gelatos, que ofrecen en incontables sabores en uno de los negocios en la plaza frente al lago. El de avellanas le ganó al de vainilla de la noche anterior, gracias a una deliciosa sobredosis de nueces enteras y crocantes dentro del cremoso helado.

   Por recomendación de uno de los dueños del Cafe Bar Sport, el almuerzo fue en la agradable terraza del Ristorante Bilacus, con los platos sencillos del menu del día. Para empezar la cremosa burrata acompañada de verduras calientes, seguida de un branzino a la parilla y una ternera milanesa, con guarnición de papa y verduras, donde la receta perfecta era lograda con la frescura  de los ingredientes y sin rebuscadas sazones. De postre una panna cotta y finalmente los macchiatos. 

El menu característico de Bellagio tiene la influencia de los pescados del lago, así como de los quesos, salamis y el bresaola que se fabrican en sus montañas. Hay mas de 22 restaurantes en este pequeño pueblo, algunos refinados y otros administrados por familias, pero a casi todos dan ganas de entrar a saborear las recetas del día.  

Algunos grupos de extranjeros buscan trabajo durante la temporada alta de turismo. Cuando nuestra mesera en Bilacus habló en español, descubrimos que se trataba de una joven colombiana, de Medellín, que todos los años viene a Bellagio con su familia para trabajar en los restaurantes y otros negocios durante esta temporada. Entre los colombianos que vienen a trabajar cada año en Bellagio ella hace cuentas de unos 40. En la temporada baja, regresan a sus casas en Colombia, cuando al pueblo lo invade el frío y sus calles se quedan medio vacías. 

Después del almuerzo y una caminata de despedida por el pueblo y el  lago, por el que navegan tranquilamente los barcos y los ferris que transportan los autos hacia otros de los pueblos frente al agua, de nuevo programamos el GPS  rumbo a Lugano y retomamos el camino para perseguir la azul inmensidad del lago en Suiza.

 

 

 

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